Un espectáculo pionero y sorprendente.

El Cronicón de Oña, modelo de recreación histórica

Carlos Belloso Martín, Doctor en Historia.

Universidad Europea Miguel de Cervantes.

 

En el último tercio del siglo XX se comenzaron a realizar en muchos lugares de Europa grandes concentraciones conmemorativas, impulsadas especialmente por diferentes asociaciones napoleónicas, entre las que sobresalen las importantes citas anuales de Waterloo, Borodino, Jena, Leipzig, Austerlitz (Moravia), Camp de Boulogne, etc. A ellas se fueron sumando otras muy vistosas de épocas diversas, entre las que destaca el Ommegang, la celebración de la entrada de Carlos V en Bruselas en 1549, en el que participan cientos de actores en el majestuoso escenario de la Grand Place.

Dentro de este fenómeno cultural, fue en torno a los años 1986-87 cuando este tipo de recreaciones comenzaron a tomar auge y a proliferar por toda la geografía española. Uno de los primeros y mejores referentes ha sido sin duda el “Cronicón de Oña”, que con sus XXV años se ha convertido en un buen modelo, pues cumple con todos los requisitos para alcanzar el éxito. En Oña han sabido aglutinar todos los elementos claves para lograr una espectacular puesta en escena y ejecución, con claridad en sus planteamientos, que viene de la mano de una organización metódica respaldada por la gestión de la Asociación Cultural “El Cronicón de Oña”; una historia repleta de personajes de renombre y acontecimientos relevantes que son representados con escrupulosa fidelidad; un inigualable patrimonio artístico que hace las veces de escenario y que deslumbra e impacta al visitante; y, posiblemente lo más importante, un proyecto colectivo que surge con decisión de la generosa y altruista implicación de gran parte de su pequeña población –poco más de 850 habitantes-, que cumplen con seriedad su compromiso de ensayar, de trabajar preparando el vestuario, los escenarios, etc., y que en esencia sienten la necesidad de conocer y explicar su propia historia, algo inherente a la condición humana que siempre busca afianzar sus propias señas de identidad. Solo después de ver el Cronicón el profano consigue entender por fin las difíciles relaciones que afrontaron el reino de León y el condado de Castilla entre los siglos X y XI, y qué papel desempeñó cada uno de sus protagonistas.

El Cronicón es sinónimo de gran calidad, lo que implica prestigio y hace confiar en su vigor y continuidad. Así es como esta representación ha llegado a convertirse en un importante recurso turístico para toda la comarca, pues las tres mil entradas que se ofertan año tras año se siguen agotando. Es justo reconocer, por tanto, la positiva influencia que durante estos XXV años ha ejercido El Cronicón en todo el panorama cultural no solo de su entorno, sino alcanzado renombre nacional e internacional, hasta convertirse en un auténtico promotor y referente de otras iniciativas similares que han ido surgiendo a su vera imitando su estilo. La proliferación de recreaciones históricas que hoy disfrutamos en Castilla y León y en España surge, en gran medida, auspiciada por el referente de Oña, que nos descubrió que existía otro concepto de conocer y divulgar nuestro dilatado pasado histórico y nuestro patrimonio material e inmaterial. El Cronicón no dejará nunca de sorprendernos.